(...) la pintura de Jenny Hernández nos muestra las posibilidades infinitas del símbolo como camino hacia lo trascendente. Esta serie de visiones, plenas de reminiscencias ancestrales y arquetípicas, son capaces, por el poder energizante del símbolo, de evocar los sentidos primigenios, aquellos que realmente importan para la vida del alma... Así todo en el Todo, sin perder nada. El Ser total. Esta vía unitiva, este símbolo de reunificación, en estas ecuaciones intuitivas y poéticas de Jenny, se alcanza a través del poder gravitacional del centro, hacia el cual convergen, y de él irradian, como en una geometría amatoria, los gérmenes todos de la Creación. De ahí el carácter reiterativo de algunas constantes, como si de escritura se tratara…la simetría dinámica y estática a la vez, extática; la novia , el huevo cósmico o el vientre de la Mater o Sophia que promete la nueva Creación.

El carácter sacro de estas representaciones, el estado metafísico al que se refieren, como icono o yantra meditativo, justifica el ascetismo cromático y obliga, como grafías mágicas que son, a concentrarse más en la línea que en el color, que siempre es atributo de la periferia transitoria del ser. Así, a través del matiz atenuado, entre tierras y sombras inmateriales, emerge el primer Adán y las primeras luces al estallido de la Palabra.

Joel Besmar Nieves
Artista y Curador

 

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